Improvisación en Berna
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El lunes hice un ejercicio de improvisación total y absoluta.
Mi amigo Diego (mi hermanazo aquí en Suiza) tenía que ir a trabajar a Berna. No lo pensé dos veces y le dije:
—¿Me llevas?
Su respuesta fue algo así como:
—¡Hooomé!
(Afirmativo en gallego).
Agarré el roll-up y me subí a su coche.
Cuando llegamos a la ciudad, me dejó en el centro y, sin saber muy bien a dónde ir, me puse a buscar cuál podría ser una buena ubicación para escuchar historias.
Un lugar cómodo, con buena temperatura, sin viento y con afluencia de gente…
No tardé en encontrarlo. El problema que me surgía entonces era el siguiente:
¡¡¡Necesito sillas!!!
Me puse a ver a quién se las podía pedir y a ver si podría entenderme con esa persona para que entendiese para qué «coño» las quería jajajajaja.
Bueno, al rato de analizar las terrazas de las cafeterías y diversos locales de hostelería de la zona, identifiqué uno que tenía varias sillas apiladas y que parecía que esa tarde no se usarían.
Se trataba del “Nomad”, que estaba frente a la torre del reloj, en el centrísimo de la ciudad.
Me acerqué a hablar con el camarero con mi inglés de Seixiños y, al rato, me vi sacando el traductor de mi teléfono para poder explicarle porque, como era de esperar, no me entendía ni papa…
—¿Qué cojones es eso de I listen to love stories for free?
Eso me decía con su cara.
Pero, después de que el traductor hiciera su trabajo y de que le enseñase fotos escuchando historias, me entendió y me dijo:
—Lo que necesites, my friend.
En alemán o en suizo…
Y así conseguí escuchar una historia preciosa que ya os contaré en otro post, porque tocó un tema que me fascina a nivel relacional y del que creo que hay que hablar más.
Abrazote a todes y gracias por leerme 🫀🫂